domingo 11 de septiembre de 2011

RARE NOIR (VIII)

CHICAGO DEADLINE (1949), de Lewis Allen.


Y aquí tenemos a Alan Ladd al fin, uno de los iconos por excelencia del film noir, casi siempre acompañado por Veronica Lake en los recordatorios de postal, con similar aire misterioso y escasa envergadura física. Después de haber dominado las constelaciones más espectaculares del artisteo mundial en los años 40, a medida que la década más compleja de los años 50 se iba desarrollando, Ladd vio su trayectoria ir en picado. Poco después, su propia vida se truncaría de manera trágica apenas comenzados los 60.
Y para aquellos que ya superamos la treintena, el mito de Ladd quedó relegado a nostálgicos recuerdos de nuestros padres ("¡Shane...!"), a una imagen de galán anticuada en el cuerpo de un rubio repeinado, de rostro un tanto aniñado, sin demasiado atractivo. Y bajito. Poca gente se ha acordado de Alan Ladd en los últimos 40 años (recuerdo una cariñosa semblanza biográfica de Terenci Moix, cinéfilo vertiente cotilla pero ocurrente y a menudo interesante), y digo yo, qué pena.

Ladd fue único

Me encanta Alan Ladd y una gran parte de su filmografía. Si lo observamos sin prejuicios descubriremos a un actor muy bueno, poseedor de una de las mejores y más varoniles voces del mundo de la interpretación, creador -posiblemente de manera inconsciente; ahí está el talento innato- de una figura única y definitoria dentro del cine negro. Trajo a la pantalla una extraña sensibilidad, mezcla de inseguridad y tristeza, pesimismo y rebeldía postrera, e impregnó al criminal o al detective privado con todo eso. Burt Lancaster compuso luego sus personajes condenados del film noir con alguno de los ingredientes de Ladd, aunque contrastados con la desbordante vitalidad del atleta. Cosa que, a pesar de su pequeña estatura, era Ladd también, habiendo destacado en natación y otras disciplinas para luego abandonar una futura carrera deportiva por el cine.

Donna Reed

Chicago Deadline (El misterio de una desconocida, en la típica traducción/interpretación ramplona en español de muchos estrenos anglosajones) fue dirigida por Lewis Allen, experto realizador de thrillers y pelis de suspense como The Uninvited (1944) o Suddenly (1954).
Ladd es Ed Adams, reportero de Chicago que se encuentra el cuerpo sin vida de una chica en una pensión de mala muerte. Junto al cadáver, una agenda llena de nombres y direcciones que el periodista se ve impelido a seguir, para así averiguar todos los qués y porqués de la bella sin vida. Por supuesto, el recorrido que seguirá Adams está jalonado de drama, crimen y sangre. El personaje de Ladd, obesionado con Rosita (Donna Reed), nos remite al detective encarnado por Dana Andrews en Laura (1944), aunque sin los aspectos onírico-necrófilos tan románticos de la película de Preminger. Con todo, es un estimable thriller con buen suspense y ambientación.


Tarea 6 del curso de rare noir: Chicago Deadline.

(Continuará)

martes 9 de agosto de 2011

RARE NOIR ( VI )

BETWEEN MIDNIGHT AND DAWN (1950), de Gordon Douglas.


Douglas fue uno de los grandes todoterrenos del cine, no sublime pero efectivo casi siempre tanto en westerns como en cine negro; trabajador a destajo desde los años treinta, primero como actor, ya rápidamente dirigiendo una miríada de cortos y series (no televisivas), como las de The Falcon o Dick Tracy, metido en los 40. Ofrecía, en su dedicación desprejuiciada al cine, películas un poco grises, de trámite, como The Big Land, western con Alan Ladd, o Bombers B-52, drama de aviación romántico, las dos de 1957; o una de las que entran en la atractiva categoría de "peores películas de la historia": Viva Knievel!, de 1977; o una obra maestra del cine, como Them! (1954).
En ese cóctel intrigante que es su filmografía, predominan, sin embargo, trabajos sólidos y con ritmo de particular idiosincrasia, especialmente en el cine de acción. Por ejemplo, dentro de géneros con armazón establecido, como el de aventuras o el western, incluye a menudo innovaciones dramáticas o toma riesgos que hacen que hoy en día su cine resulte a menudo sorprendente. Véase la violencia inusual de The Black Arrow (1948) o los arrebatados duelos en The Iron Mistress (1952), por ejemplo.

Ella no sale en esta foto manipulada, pero Douglas tiene en el colo a June Allyson.

Pues bien, siguiendo con su particular visión del cine de género, Douglas nos presenta este entretenido y original noir, en el que los protagonistas son una pareja de patrulleros que peinan la gran urbe anónima. Siguiendo un poco la onda de thriller semidocumental que se instauró en Hollywood después de la guerra, y durante unos 5 ó 6 años, las rondas nocturnas de los dos amigos -y sus vidas privadas- constituyen el grueso de la trama, que se canaliza en la parte final, de una manera sorprendentemente dramática y nada convencional, hacia la resolución de un caso concreto.
El simpático pero poco carismático Mark Stevens es uno de los patrulleros. El otro es el siempre efectivo Edmond O´Brien, que compite por los atractivos de Gale Storm con su amigo.

O´Brien...

Stevens...

...y la mujer.

La relación a tres, llevada de una forma inteligente y con sentido del humor, es otro de los ingredientes que asientan el film con firmeza. Y no nos olvidemos del personaje encarnado por Donald Buka, otro de los memorables criminales psicópatas del cine.

Tarea 5 del curso de rare noir: Between Midnight And Dawn.

(Continuará)

miércoles 6 de julio de 2011

RARE NOIR (V)

SHAKEDOWN (1950), de Joseph Pevney.

Joseph Pevney había hecho unas cuantas películas como actor de reparto -precisamente en películas negras como Nocturne, Body and Soul o Thieves´ Highway, en la segunda mitad de los años 40- antes de dar el salto a la dirección y enfilar su destino definitivo en el sendero del thriller y el cine de aventuras, sobre todo. A partir de los años 60 se recluyó en el más encorsetado, sanitized y previsible mundo de la TV (hoy las cosas han cambiado), pero sus carrera cinematográfica merece ser recordada por la energía y el suspense que destila en sus mejores producciones. No estamos hablando de un maestro del crime-thriller de la talla de Karlson, pero sí de un realizador prácticamente siempre entretenido y a menudo original en sus propuestas.

Pevney también se asignó un papel de reportero en Shakedown.

Y Shakedown, su primera película, es un gran ejemplo de lo que Pevney podía hacer: entretenimiento de primera clase. Lo que prima aquí es una trama llena de personajes que se van entrelazando unos con otros a partir de un diseño de piezas sueltas, para acabar engarzados en un click definitivo que pone un gran broche a una historia trepidante. El click y su doble sentido lo entenderán los pocos que han visto el film, que solamente circula por ahí en una copia de calidad infumable.


Howard Duff, rostro popular también en la caja tonta a partir del momento en que su carrera en el cine dejase de cuajar mínimamente, a mediados de los 50, encarna a uno de esos personajes despreciables que te encanta adorar; un periodista sin escrúpulos empeñado en trepar hasta la cumbre. En esta trama llena de vericuetos, pero simple y directa como lo mejor de los pulps, Pevney introduce elementos novísimos: uno de los protagonistas más inmorales que parió el cine, aderezado con un atractivo sexual inusitado en la época. Sorprende ver el efecto que Jack Early (Duff) provoca en las damas- teniendo en cuenta que hay que ser precavido a la hora de opinar sobre los insondables gustos de las mujeres. El sex appeal y el empaque de Duff no eran los de Gary Cooper o Errol Flynn, pero hay que darle lo suyo y admitir que el actor se luce y se come a todos en el film, y eso que se pasean por allí extraordinarios tipos como Brian Donlevy o Lawrence Tierney (incluso Rock Hudson en una de sus primeras apariciones, que dura segundos). Peggy Dow, olvidada hoy, pero atractiva e inteligente, compone un buen papel de enamorada incauta -pero no ingenua.

Tarea 4 del curso de rare noir: Shakedown.

(Continuará)

lunes 4 de julio de 2011

RARE NOIR (IV)

99 RIVER STREET (1953), de Phil Karlson.

Calle River 99 quizá juegue en la misma liga que Crime Wave, de André de Toth, en cuanto a popularidad y relevancia histórica en el género: sin estar ninguna de las dos en las conversaciones más habituales sobre el film noir, sí es verdad que no han pasado desapercibidas para aquellos que bucean a mayor profundidad. Luego, aunque las dos tramas comparten algunas situaciones, los films presentan diferentes objetivos y ambiciones. Mientras que el film de de Toth desarrolla una historia más compleja, con diferentes puntos de vista y protagonismo casi coral, 99 River Street es un thriller con una premisa muy sencilla y recurrente: el falso culpable, perseguido y tratando de encontrar al responsable de su dramática odisea. Por supuesto, la simplicidad del mimbre estructural da paso en manos de Phil Karlson a un inolvidable análisis sobre la violencia y la ira, la frustración y la ambición.

Phil Karlson, maestro de la contundencia

Karlson, nacido en Chicago, como S.Sylvan Simon, es otro de los grandes olvidados maestros del cine de género criminal. Que es como decir del cine. Como pasa con otros coetáneos humildes, llamados a menudo "artesanos", lanzarse de cabeza a la filmografía de Karlson es iniciar una temporada de descubrimientos asombrosos: un uso de la violencia inusitado, personajes atrapados y en tensión, en historias duras y compactas, sin moralina. Basta con recurrir a títulos como Kansas City Confidential (1952, quizá su título más abiertamente influyente; ahí está Tarantino para decirlo), Tight Spot (1955, asombroso thriller claustrofóbico), The Brothers Rico (1957, uno de los primeros retratos adultos de las familias mafiosas y, acorde a su estilo, implacable e influyente) y, sobre todo The Phenix City Story (1955, el más arriesgado tratamiento sin compromiso de la política corrupta y el crimen organizado que recuerdo) para apreciar la talla de este creador.

John Payne, de galán simpático a duro sin concesiones

99 River Street, para algunos puristas, quizá esté más allá de los lindes del cine negro, al sustituir una trama basada en la intriga y lo desconocido, por una historia que se desarrolla en diferentes fases de explosiones de violencia. Pero en la búsqueda sangrienta de la verdad por parte de un boxeador fracasado, la atmósfera, los diálogos del film noir están ahí. John Payne, un actor de primera categoría, luego de haber recorrido más de una década en musicales y comedias en el papel de chico afable, encontró gracias a Karlson nuevas dimensiones interpretativas. De la misma manera que Hitchcock o Anthony Mann supieron ver en James Stewart ocultas neurosis e ira reprimida, Karlson utilizó la vertiente simpática y casi inocente de Payne para luego convertir al actor en verdadera representación de hombre duro sin ambages, en ésta, la mencionada Kansas City Confidential y Hell´s Island (1955, magnífica mezcla de cine de aventuras y cine negro en color).


Tarea 3 del curso de rare noir: 99 River Street.

(Continuará)

domingo 3 de julio de 2011

RARE NOIR (III)

I LOVE TROUBLE (1948), de S. Sylvan Simon.


Para rare, rare, ésta. Como olvidado y prácticamente desconocido es hoy su director, oriundo de Chicago, que vio terminar sus días de manera sorpresiva a los 41 años. Su repentina muerte en 1951 le privó, con toda seguridad, de una carrera mucho más larga y llena de hallazgos. Así da que pensar su filmografía, de número nada despreciable y con muy buenas muestras en distintos géneros, a pesar de haber frecuentado sobre todo productoras modestas.

Simon, creador de singular inventiva

Las pocas películas de Simon a las que les he podido echar el guante dejan a las claras a los pocos minutos de metraje que no estamos ante el producto de entretenimiento al uso (dejando claro que gran alabanza es que un producto sea entretenido). Multitud de personajes; tramas complejas en la arquitectura narrativa de la peripecia, que no en la psicología de los caracteres; el uso del flashback como elemento creador de suspense, y no al revés, como sucede a menudo; presentación ambigua y sorprendente de los protagonistas, que a menudo dejan de serlo; puesta en escena funcional pero enérgica...
Todo esto se puede disfrutar en filmes como Lust for Gold (La fiebre del oro, 1949), originalísimo western de suspense con atolondrado título español; Grand Central Murder (1942), un delicioso whodunnit entre vías de ferrocarril, o la protagonista de hoy, I Love Trouble. El film es una adaptación de la novela de Roy Huggins (que también firmó el guión) The Double Take. El propio Huggins dirigió en 1952 su única película, Hangman´s Knot (Los forasteros), un excelente thriller en clave de western, o al revés.

Tone, galán complejo

Franchot Tone hace las veces del Private Eye de turno, un remedo de Marlowe o Spade, pero más ligero, sustituyendo la ironía por el humor y no escatimando en sonrisas. Tone, que fuera pareja apasionada de Joan Crawford en la vida real y galán difícil de clasificar en los años 30, vio como su carrera se iba disolviendo a medida que la década de los 40 avanzaba, refugiándose en la TV en los 50 y ya hasta el final de sus días, salvo dos o tres incursiones en papeles secundarios en los 60. De todas maneras, fue un tipo que caía simpático y sus papeles los lleva con relajación y empaque.

Janet Blair y su hoyuelo

Janet Blair fue la partenaire de Tone, y su carrera bastante frustrada. Injustamente, pues hablamos de una artista versátil y desaprovechada, recordada por apenas un puñado de películas memorables. Siguió el mismo camino que Tone a partir de los años 50.
¿Y la trama de este misterio con detectives privados, mujeres sospechosamente peligrosas, maridos indignados, esposas desaparecidas y asesinatos varios? Pues deberéis seguirla con atención, ya que Simon nos lleva por meandros y dead alleys que nos pueden hacer acudir a una sinopsis a la mínima que nos descuidemos. Es un buen misterio: retorcido, intrigante, y aunque no sea totalmente imprevisible, es satisfactorio haber estado presente durante el viaje.

Tarea 2 del curso de rare noir: I Love Trouble
(Continuará)

sábado 2 de julio de 2011

RARE NOIR (II)

Así que vayamos al grano. Hoy:
CRIME WAVE (1954), de André de Toth.

Esta historia de criminales, ex-criminales, agentes de la ley, atracos y secuestros, con la ciudad de Los Angeles como telón de fondo, es imprescindible. No nos encontramos en las maravillosas profundidades abisales de la serie B -es un film Warner de pleno derecho-, pero, incomprensiblemente, poca gente parece conocer la que es quizá la cumbre de la obra del húngaro André de Toth. No hace mucho que, gracias al DVD, el film se ha empezado a distribuir (allende los mares) así que esperemos que esta gran olvidada pueda quizá algún día codearse en la misma sala VIP con otras joyas del cine negro.

De Toth le muestra a Gary Cooper que el "Springfield Rifle" puede funcionar. Hicieron el western juntos en 1952.

De Toth, uno de los grandes tuertos del cine, conocido entre el gran público por su entretenida versión de House of Wax (Los Crímenes del Museo de Cera, 1953), me obsesionó hace un par de temporadas de tal manera que me vi obligado a engullir todo lo que pude conseguir de su sabrosísima filmografía (esto es, todo, excepto su sepultada etapa húngara). Su interesante autobiografía y su libro de entrevistas revelan a un tipo inteligente, humilde en el alcance de su carrera, con una vida rica en experiencias (pertenecía a aquella raza de artistas con un bagaje vital impresionante a sus espaldas, y con el talento para luego plantárnoslo en la pantalla con ese resultado lleno de frescura e inmediatez que el tiempo no logra borrar.)
Sus películas, que frecuentan el western y el cine de misterio, el drama y la guerra, son secas y sintéticas, con héroes en conflicto y villanos inigualables. No hay un estudio psicológico abotargado, sino una presentación de la maldad y el sadismo, de las debilidades humanas, muy particular, haciendo su cine muy identificable. Asimismo, su visión de la mujer es muy moderna y relevante, ya desde sus películas de los años 40. La vida de de Toth está llena de mujeres y matrimonios (e infinita descendencia), y Veronica Lake, icono del film noir, fue una de sus chicas.

Sterling Hayden en uno de los antológicos momentos con cigarrillo del cine

En Crime Wave el rodaje se llevó a cabo en escenarios naturales de Los Angeles, consiguiendo una atmósfera muy especial en diferentes momentos del día a medida que la trama se va desarrollando. La tensión y sufrimiento de la pareja (un inédito Gene Nelson y la preciosa Phyllis Kirk, a la que recurrió de Toth en otras ocasiones) se enriquece con el soñoliento amanecer de la capital o el crepúsculo amenazador en las calles en sombra.
Un ex-recluso en proceso de reformación es acosado por sus antiguos compañeros, un fantástico grupo de criminales (tomen nota: Charles Buchinsky (a.k.a. Bronson), Ted de Corsia -increíble villano con fantástico nombre-, Nedrick Young), mientras que un cansado y honrado policía sobrevuela el drama e intenta ver quién es quién (Sterling Hayden luciéndose y fastidiando a los actores que viniesen después para hacer el mismo papel).

Tarea 1 del curso de rare noir: Crime Wave.

viernes 1 de julio de 2011

RARE NOIR (I)

Un paseíllo ahora por el film noir, nada lejos de los amargos cauces del mundo del boxeo. Me voy a sacar de la manga una lista de las mías, una enumeración de películas de uno de los dos o tres géneros que más me maravillan. La complejidad moral del hombre después del Segundo Gran Conflicto Armado, la femme fatale en una de sus formas más evolucionadas y letales, valores puros por el desagüe porque no hacen falta, la amistad traicionada y el amor como la peor condena... todo esto, más detectives privados, empresarios corruptos, gangsters todopoderosos, gangsters de segunda fila sin ley seca de la que aprovecharse, desempleados sin futuro y sin paciencia, asesinos a sueldo y desgraciados que pasaban por allí cuando no debían. Y más.
Sin embargo, esto será un listado para ya iniciados, aquellos que quieren ir aún más allá de las joyas cinematográficas y otras que no lo son tanto pero que constituyen junto con las primeras el abc del cine negro. Hablaremos de films olvidados o nunca tenidos en cuenta, grandes películas que hay que recuperar o modestas aportaciones de serie B con las que completar una filmografía determinada o darse un capricho de cinéfilo. No argumentaré nada acerca de THE MALTESE FALCON, THE BIG SLEEP, OUT OF THE PAST, KEY LARGO, THIS GUN FOR HIRE, THE BLUE DAHLIA, HIGH SIERRA, WHITE HEAT, TOUCH OF EVIL, THE GLASS KEY, DOUBLE INDEMNITY, THE KILLERS, CRISS CROSS, KISS OF DEATH y otras estudiadas hasta la saciedad.
Por supuesto, junto con otros, los más famosos iconos estarán ahí (Bogart, Mitchum, Lancaster, Ladd, Bacall, Hayworth, Greer...), como antorchas eternas iluminando el recuerdo de las avenidas oscuras del género en su época dorada (desde 1942 año arriba, año abajo, hasta 1958 año arriba, año abajo):

Para conseguir el Certificado de Nivel Básico y poder acceder a las próximas entradas del blog con conocimiento de causa, habrás de indentificar los fotogramas de arriba.
(Continuará)

domingo 12 de junio de 2011

Y la que llevaría a una isla desierta: THE SET-UP

1949 y la obra maestra de Robert Wise. 'Nuff said.


jueves 12 de mayo de 2011

viernes 29 de abril de 2011

SANGRE SOBRE LA LONA

¡Hey! ¡Parece que los de blogspot no mandan al limbo a los vagos como yo!
Aproximadamente 330 días sin escribir nada en mi recuncho... Bueno, ahí va una minidosis. Hoy...


Boxeadores en las pelis...

Atrás queda la época en la que yo despotricaba contra el boxeo, riéndome de los dos tipos que se parten la cara subidos a un ring. Hoy en día no me he convertido en un seguidor de ese deporte, pero entiendo la nobleza, la técnica particular y hasta el aspecto artístico del que hacen gala los púgiles en pleno combate. No me refiero, por supuesto, a la extirpación auricular del Tyson: hablo del espítitu esencial de la contienda entre las cuerdas, de los sueños que mantiene un hombre con los dientes rotos, del drama que muchas veces se oculta detrás de un directo bien afinado. Y, una vez más, el cine ha hecho suyo este deporte, más que ningún otro. A pesar del exiguo espacio del cuadrado de lona, a veces en unos rostros sudorosos y sangrantes, otras veces en el público enervado, la cámara de muchos maestros ha sabido extraer trozos de vida y reflejar la tragedia humana de una manera dolorosamente real. El boxeo es un género cinematográfico en sí mismo.
Hablaremos entonces de unas cuantas pelis de boxeadores (no incluiré ejemplos más endebles entre los que se encuentran éxitos como las lloradas del Stallone y sus "Rockys" u otros más recientes como The fighter, de David O. Russell).

1.The Ring, de Alfred Hitchcock (El ring, 1927)
El genio inglés levantando una historia un tanto rutinaria con su deslumbrante imaginación visual y su ojo para el detalle. Dos boxeadores pelean también fuera del ring. Por una mujer, claro. En inglés, "ring" adquiere varios significados y aquí lo podemos comprobar. Recomendable: es de Sir Alfred.

2.City Lights, de Charles Chaplin (Luces de la ciudad, 1931)
Pocas veces las lágrimas se han mezclado con las carcajadas como en esta obra maestra. El vagabundo más entrañable se da de leches con Hank Mann en un ring de cuarta fila para ganar unos cuartos y ayudar a su vendedora de flores. Lo único que tiene en mente es el rostro angelical de Virginia Cherrill, la cieguita, pero el combate se convierte en una de las dos o tres secuencias más hilarantes de la Historia del Cine.

3.The Champ, de King Vidor (El campeón, 1931)
En ésta la tragedia se sobrepone a la risa, y quien ha visto a Jackie Cooper encajar tan mal la muertede Wallace Beery en el ring no lo va a olvidar. Quizá hay un exceso de sentimentalismo, pero con la garra habitual de Vidor. Obviemos la versión molona de Zeffirelli con Jon Voight, de 1979.
4.Kid Galahad, de Michael Curtiz (Kid Galahad, 1937)
El todoterreno Curtiz dirige con buen ritmo los planes de Edward G. Robinson para que el ingenuo Wayne Morris se haga con todos los títulos posibles. Bette Davis se cuelga del chaval y Robinson lo lamenta.

5.Gentleman Jim, de Raoul Walsh (Gentleman Jim, 1942)
Errol Flynn, joven y atlético todavía, da vida al célebre Jim Corbett en esta imponente biografía. Mención aparte a la inolvidable escena final entre Jim y el derrotado Sullivan (el gran Ward Bond).
El inefable Flynn en la cumbre de su vida

6.The killers, de Robert Siodmak (Forajidos, 1946)
Burt Lancaster en uno de los más espectaculares debuts cinematográficos que se recuerdan, con el primero de sus masoquistas papeles de perdedor. Aquí fracasa en el ring y en todas partes. Ava Gardner le da la puntilla en este clásico del cine negro. Aunque, viéndola, ¿quién no diría lo de "de perdidos al río"?
7.Body and Soul, de Robert Rossen (Cuerpo y alma, 1947)
Una de las más prestigiosas. No es mi favorita, pero bueno. El guión de Abraham Polonsky, perseguido por paranoicos en los 50, es bastante ejemplar, y la vida se sube al ring como pocas veces. James Wong Howe rueda en blanco y negro como nadie. Menudo. Y el malogrado Garfield, actor a redescubrir.


8.Champion, de Mark Robson (El ídolo de barro, 1949)
El espaldarazo definitivo de Kirk Douglas, el ejemplo de otro director contundente salido de la factoría de Val Lewton (Wise también), y una historia de ambición y violencia. Midge Kelly es un boxeador que va a por todas. Douglas está un poco shakespeariano de más y la peli es previsible, pero no te deja indiferente. Robson escenificaría una vez más el drama boxístico en The harder they fall (Más dura será la caída, 1956), la última película de Bogart.

La cámara de Franz Planer busca el primer plano
de un rostro destrozado que mira al público


9. The Quiet Man, de John Ford (El hombre tranquilo, 1952)
Ford ya había tocado temas pugilísticos antes, pero esta es la mejor. Una de las mejores películas que rodó el maetsro. John Wayne es un boxeador que huye de la fatalidad y de sí mismo y regresa a su hogar irlandés en una historia hoy ya universal.

10.From here to eternity, de Fred Zinnemann (De aquí a la etrernidad, 1953)
El 'best seller' de James Jones: la vida castrense en Hawai antes de Pearl Harbor. Monty Clift no quiere boxear y se las hacen pasar canutas. Burt Lancaster retoza con Deborah Kerr en la playa, sí, pero lo que más recuerdo es la relación Maggio (Sinatra)-Prewitt (Clift)-'Fatso' (Borgnine). Y el enfrentamiento continuo de los dos últimos que culmina en un oscuro callejón.

11. On the Waterfront, de Elia Kazan (La ley del silencio, 1954). Terry Malloy es un boxeador sonado, y no puede hacer gran cosa para solucionar la explotación de la masa trabajadora en los muelles de New Yor, New York. Brando en uno de sus mejores papeles. Un poco amanerado, como en su línea, a mi parecer, pero una gran interpretación. 'I could´ve been a contender...!'

12. Rocco e i suoi fratelli, de Luchino Visconti (Rocco y sus hermanos, 1960). La triste crónica de la destrucción de una familia en Milán, por Milán. ¿O es por la pasión sexual de Simoni (Renato Salvatore)? De todas maneras, en el recuerdo permanece el etéreo y espiritual boxeador Rocco (Alain Delon): un santo idealista batiéndose el cobre en el ring.

13. Fat City, de John Huston (Fat City, 1972). Una de las grandes películas de los 70. El joven sólo tiene que observar con atención el rostro de su compañero para verse a sí mismo dentro de unos años. Esto es lo que hace (y deshace) el boxeo, un mundo de perdedores que se ama muy profundamente.

14. Raging Bull,
de Martin Scorsese (Toro Salvaje, 1980). Hay momentos violentos sobre la lona, pero las escenas más terroríficas son las rodadas en la cocina o el dormitorio. Ira, frustración, derrota. La vida de Jake La Motta en el blanco y negro de los 80.

15. The boxer, de Jim Sheridan (The boxer, 1997). La tram que incluye al IRA resulta no muy creíble pero es un drama pugilístico de altura, sobre todo gracias al personaje que encarna el a veces extraordinario Daniel Day-Lewis.

viernes 18 de junio de 2010

ROBIN HOODS ( y XII )

Y nada, en esta última entrada haré un somero repaso al resto de las adaptaciones cinematográficas y televisivas que se han hecho sobre el señor ese de Sherwood. Son las que no he mencionado con anterioridad, bien porque no las he podido ver todavía, bien porque no me ha cuadrado meterlas. Seguro que me quedan algunas en el tintero, sobre todo muchas de las numerosas versiones mudas; la época silente y maravillosa de principios del siglo XX nos dio cientos de pelis que nunca llegaremos a disfrutar: era tal la fragilidad del soporte utilizado que muchas han desaparecido para siempre.
Robin Hood and his Merry Men: Este film inglés data de 1908, y es la versión más antigua de la que tengo noticia. En 1912 y 1913 los yankis respondieron con dos tituladas Robin Hood.

El cartel de la versión del ´12, de Étienne Arnaud y Herbert Blaché. Fue una coproducción entre USA y UK.


La apostura de un arquero profesional: William Russell en la versión de 1913.

The Prince of Thieves (El rey de los bosques
-en España quisieron darle más caché al héroe):
Con un título que reutilizaría el Costner en 1991, nos llegó en el año 1948 una entrega barateira de las aventuras de Robin, dirigida por Howard Bretherton. Protagonizada por Jon Hall, aventurero galán de las inefables fantasías árabes con María Montez, poco más que acción modesta nos ofreció esta filmina.


Tales of Robin Hood
: En 1951 los atrevidos de la compañía Lippert, especializados en cine de acción y misterio, hecho con cuatro duros (¡normalmente bastante entretenido!) y contando con estrellas de cuarta fila o leyendas en decadencia, se sacaron de la manga una nueva peripecia de Robin. Al parecer, este film quería ser el piloto de una serie que no llegó a fructificar, y contaba con Robert Clarke en el papel del héroe. Whit Bissell y Paul Cavanagh dieron lustre -de serie B- a un reparto de serie Z.


Wolfshead: The Legend of Robin Hood:
1969 o el último asalto al mito sherwoodiano de la compañía Hammer. Originariamente concebido como un piloto para una posible serie, el film no recibió el éxito deseado y la cosa se quedó en una nueva visión del origen de la leyenda. De acuerdo con los tiempos que corrían, los protagonistas son jovencillos, la ambientación y la historia es realista y, por supuesto, el joie de vivre ha desaparecido: estamos ante un drama medieval donde los héroes y sus seres queridos sufren mucho, las peleas son cortas y cansan mucho y hay pobreza y suciedad. John Hough dirigió la película con su estilo impersonal casi siempre, barroco y afectado a veces.

David Warbeck fue Robin Hood en la versión sin glamour de John Hough

Y hablando de series de televisión sobre el personaje, éstas se multiplicaron a lo largo de los 70, 80 90 y más allá:
The Legend of Robin Hood (1975, británica de 6 episodios)
Robin of Sherwood
(1984, británica de 24 episodios)
The New Adventures of Robin Hood
(1997, franco-americana de 52 episodios)
Robin Hood (2006, británica, de la BBC, con 39 episodios)
El Robin Hood 'brit-pop' de la BBC. Más falsito que un duro de cartón.

¿Y qué más contar? Pues que hay tanto Robin Hood en cine y TV que no se puede analizar en su totalidad. Hay Robin Hoods balcánicos, orientales, sudamericanos, manga, de animación cotrosa y, por supuesto, el clasiquillo de Walt Disney...

Robin Hood metamorfoseado en el zorro de Disney (1973)

Hay Robin Hoods musicales, los hay porno, desde luego que también parodias...

El humor zafio de Mel Brooks una vez más en 'Robin Hood: Men in Tights' (1993)
(aunque el cartel tiene su coña)

Es innegable que toda la imaginería de Sherwood, todas las leyendas de este héroe medieval mítico e inmortal, los valores y las emociones que transmite, han sido llevados a la pantalla por doquier. Ridley Scott no será el último en hacerlo, eso es seguro. Como seguro es que el mejor Robin Hood de la ficción me servirá para poner un broche de oro a mi repasillo historiográfico.

¡Nadie tensó el arco así!

martes 15 de junio de 2010

ROBIN HOODS ( XI )

13. Robin Hood (2010, de Ridley Scott).

Y el héroe del carcaj apareció en la gran pantalla de nuevo. El film es un producto de encargo, descaradamente (Scott está más preocupado por el berenjenal en el que se metió al interesarse por la precuela de Alien), y no aspira más que a entretener. Lo consigue a medias; es decir, en la primera mitad. Luego se cae con todo el equipo antes del clímax.
En la parte que entretiene, ¿qué es lo bueno?, diréis algunos. Bueno, una ambientación y un ritmo chulillo, que Scott lleva a cabo con la gorra, acostumbrado como está a la acción épica del cine moderno, luego de sus incursiones tipo Gladiator (2000) y Kingdom of Heaven (El reino de los cielos, 2005).
Russell Crowe carga un poco, aunque no demasiado, Max Von Sydow sigue en los 65 años que cumplió hace veinte, Cate Blanchett tiene carácter y poco más, Mark Strong no se pone un casco ni en medio de una batalla campal, hasta ese punto le mola lucir su calva, flashbacks y ralentís varios jodiendo la marrana... Un salteado de situaciones anacrónicas y un poco tontas, coronadas por la descabellada participación en la salsa de tortas final de lady Marian, con armadura y yelmo. Las feministas de la Aído y progres varios aplaudieron ante tamaña imbecilidad.
Robin Hood es un prólogo a la leyenda del héroe, pero no me he quedado con muchas ganas de ver de qué va la leyenda, luego de asistir a unos preliminares bastante chuscos, a la mayor gloria del productor Crowe, cambiando de acento a la vez que lo hace el plano.
Curiosidad: La curiosidad de haberla ido a ver, ya que no me creo nada de lo que hace Scott cuando nos cuenta algo de tiempos muy pretéritos (exceptuemos The Duellists -Los duelistas, 1977, su mejor película).
(Finaliza en la próxima entrada)

jueves 10 de junio de 2010

ROBIN HOODS ( X )

11. Robin Hood, príncipe de los ladrones - Robin Hood, Prince of Thieves (1991, de Kevin Reynolds)

Ésta fue un éxito, y puso de moda otra vez a Robin después de más de una década de secano dentro de la producción de cine de aventuras "clásico". El film del amiguete de Kevin Costner es bastante insoportable; arrastra lo peor del cine americano de los 80 (anacronía en el comportamiento y apariencia de los personajes, música pop empalagosa y normalmente insufrible en la banda sonora, tramas chirriantes y disparatadas, buscando ese toque "original"...), conformándose por todo ello en un perfecto vehículo para una de las mayores estrellas de hace 20 y pico años.

  • El execrable Bryan Adams y su baladita Everything I Do (I Do It For You)


  • Alan Rickman en una horrible y exagerada encarnación del Sheriff de Nottingham


  • Morgan Freeman haciendo el tonto: un negro en la Inglaterra del siglo XII

Todo eso, junto con la invención de las flechas supersónicas y las escenas voyeurísticas del Costner en bolas, da como resultado una película bastante chabacana pero difícilmente olvidable por el éxito que cosechó.
Curiosidad: Sin ser nada del otro mundo, bastante superior fue el telefilme (que las inteligentes distribuidoras comercializaron en los cines, aprovechando el boom creado por la tontería de Costner) dirigido por John Irvin aquel mismo año: (12) Robin Hood, con Patrick Bergin y Uma Thurman como la pareja protagonista, y Jürgen Prochnov en el papel de villano (Sir Miles Folcanet -¿de dónde se sacaron a ése?). La peli culminaba con un duelo apropiadamente realista, y aunque en general era un poco sosa, por lo menos no iba en plan guay como su coetánea.

(Continuará)