domingo 6 de junio de 2010

ROBIN HOODS ( VII )

7. La espada del bosque de Sherwood - Sword of Sherwood Forest (1960, de Terence Fisher)
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El más talentoso realizador de la Hammer y una de las figuras más interesenates del cine británico de los años 50 y 60, Terence Fisher, se lanzó a hacer cine de aventuras. La productora inglesa, una vez encontrado el filón con su par ticular visión de los clásicos del terror, se internó en géneros diferentes, como el bélico o el épico. En plan barato, como era su norma, pero alcanzando productos más que dignos en ocasiones. Ya en 1954 el efectivo Val Guest había hecho para la Hammer (8) Men of Sherwood Forest -Los hombres del bosque de Sherwood-, producto más modesto aún, con el americano Don Taylor. Sorprendentemente, este nos regala con un Robin Hood buenísimo, casi un clon de Errol Flynn -si no lo pasas por el escáner-, y la película tiene una historia chula. Los villanos están muy bien, además; especialmente Douglas Wilmer -futuro Sherlock Holmes de la BBC-, en un magnífico remedo del Basil Rathbone villano. El ajustado presupuesto del producto quizá deja en entredicho el a priori estupendo climax de la trama -el salvamento del rey Ricardo, que va a ser asesinado en una emboscada-, pues la batalla es de miniatura, y el gran villano de Wilmer escapa sin recibir su justo castigo. Este es el recordatorio gráfico de la película:


Volviendo a The Sword of Sherwood Forest, decir que sin ser de lo mejor de Fisher, por supuesto, tiene a su favor tres aspectos:
1-Una trama cruce de espionaje e intriga, donde Robin Hood se ve inmerso en una conspiración en la que participa el sheriff de Nottingham, quien planea eliminar al arzobispo de Canterbury y así tener vía libre para confiscar lares varios.
2-Un tono semigótico-sacrílego inédito en los filmes de Robin Hood, en la emboscada y pelea final en el convento, con el añadido de incluir a la madre superior como uno de los traicioneros villanos de la trama.
3-Y sobre todo, en su línea, engrandeciendo todo en lo que aparece, la participación de uno de mis actores favoritos: el gran Peter Cushing como el malvado sheriff, dotando al papel de tebeo de una profundidad no esperada. La película se ve truncada en gran medida cuando un juvenil Oliver Reed lo asesina a traición a cuchilladas. Otra de las muertes antológicas de ese actor inimitable.
Para terminar, señalar que el arco de Robin Hood es blandido por Richard Greene, un actor mediocre y nada carismático, especializado en papeles de galán romántico y de aventuras, que tuvo la suerte de trabajar en los inicios de su carrera con John Ford. El actor produjo también el film, con la intención clara de continuar relanzando su pronto moribunda carrera, utilizando el personaje de Robin. Éste le había hecho una miniestrella entre 1955 y 1960 en una serie de TV.


Richard Greene, un galán algo papón

Curiosidad: El personaje de Lady Marion en este caso es uno de los más ilógicos que te puedes echar a la cara: el guionista, Alan Hackney (su apellido habla por sí mismo: en inglés, el adjetivo hackneyed significa "trillado, sin frescura ni originalidad"), metió con calzador un personaje tonto que aparece en cualquier lado y a cualquier hora, acompañado del menos esperado, sin explicación alguna y sin recibir el espectador ninguna información de su entorno, origen o personalidad. Sólo nos queda clara una cosa, que Marion va a acabar llevándose al huerto a Robin, por mucho que la química entre Greene y Sarah Branch sea menor que la que puede haber entre Marilyn Monroe y Cantinflas.
(Continuará)
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