
Y aquí tenemos a Alan Ladd al fin, uno de los iconos por excelencia del film noir, casi siempre acompañado por Veronica Lake en los recordatorios de postal, con similar aire misterioso y escasa envergadura física. Después de haber dominado las constelaciones más espectaculares del artisteo mundial en los años 40, a medida que la década más compleja de los años 50 se iba desarrollando, Ladd vio su trayectoria ir en picado. Poco después, su propia vida se truncaría de manera trágica apenas comenzados los 60.
Y para aquellos que ya superamos la treintena, el mito de Ladd quedó relegado a nostálgicos recuerdos de nuestros padres ("¡Shane...!"), a una imagen de galán anticuada en el cuerpo de un rubio repeinado, de rostro un tanto aniñado, sin demasiado atractivo. Y bajito. Poca gente se ha acordado de Alan Ladd en los últimos 40 años (recuerdo una cariñosa semblanza biográfica de Terenci Moix, cinéfilo vertiente cotilla pero ocurrente y a menudo interesante), y digo yo, qué pena.
Ladd fue únicoMe encanta Alan Ladd y una gran parte de su filmografía. Si lo observamos sin prejuicios descubriremos a un actor muy bueno, poseedor de una de las mejores y más varoniles voces del mundo de la interpretación, creador -posiblemente de manera inconsciente; ahí está el talento innato- de una figura única y definitoria dentro del cine negro. Trajo a la pantalla una extraña sensibilidad, mezcla de inseguridad y tristeza, pesimismo y rebeldía postrera, e impregnó al criminal o al detective privado con todo eso. Burt Lancaster compuso luego sus personajes condenados del film noir con alguno de los ingredientes de Ladd, aunque contrastados con la desbordante vitalidad del atleta. Cosa que, a pesar de su pequeña estatura, era Ladd también, habiendo destacado en natación y otras disciplinas para luego abandonar una futura carrera deportiva por el cine.
Donna Reed Chicago Deadline (El misterio de una desconocida, en la típica traducción/interpretación ramplona en español de muchos estrenos anglosajones) fue dirigida por Lewis Allen, experto realizador de thrillers y pelis de suspense como The Uninvited (1944) o Suddenly (1954).
Ladd es Ed Adams, reportero de Chicago que se encuentra el cuerpo sin vida de una chica en una pensión de mala muerte. Junto al cadáver, una agenda llena de nombres y direcciones que el periodista se ve impelido a seguir, para así averiguar todos los qués y porqués de la bella sin vida. Por supuesto, el recorrido que seguirá Adams está jalonado de drama, crimen y sangre. El personaje de Ladd, obesionado con Rosita (Donna Reed), nos remite al detective encarnado por Dana Andrews en Laura (1944), aunque sin los aspectos onírico-necrófilos tan románticos de la película de Preminger. Con todo, es un estimable thriller con buen suspense y ambientación.
Tarea 6 del curso de rare noir: Chicago Deadline.
(Continuará)